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El comercio de los servicios ecosistémicos

Cuando el pago por servicios ambientales  se convierte en un permiso para destruir. [Jutta Kill, World Rainforest Movement] Introducción. “Hay que poner fin a la invisibilidad económica de la naturaleza”(3), escribe en su blog Pavan Sukhdev, autor del estudio TEEB. Varios economistas, corporaciones y ONG conservacionistas se hacen eco de esa declaración.

Afirman que el valor de la naturaleza no es visible y que, por consiguiente, las funciones que provee la naturaleza – la filtración de agua en bosques y suelos, el almacenamiento de carbono en los suelos y la vegetación, la biodiversidad, la polinización que realizan las abejas, etc. – siguen siendo sacrificadas para lograr ganancias económicas visibles provenientes de su destrucción.

“Si al menos tuviéramos las herramientas necesarias para medir esos valores e integrarlos a la toma de decisiones de las empresas”, escribe en su Guía para la evaluación empresarial de los ecosistemas el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible, un influyente grupo de presión industrial ante la ONU. (4)

Agencias de la ONU, grandes empresas, ONG conservacionistas y economistas afirman que la única manera de lograr que la naturaleza sea valorada y protegida es hacer visible, en término económicos, el valor de lo que llaman “servicios ecosistémicos”, es decir las funciones y procesos que la naturaleza pone al servicio de la humanidad. Afirman que cuando los mercados de capital, los políticos y las corporaciones vean el enorme valor económico de esos “servicios ecosistémicos”, será más fácil exigirles que protejan a la naturaleza. Algunos también proponen que ese valor económico que, aparentemente, no ha sido percibido por los gobiernos, las transnacionales y el capital financiero, se utilice para financiar la protección de la naturaleza, pagando por dichos “servicios ambientales” (PSA). Los economistas han realizado algunas estimaciones sobre el valor económico de los “servicios ecosistémicos” o “ambientales”, y se están formulando numerosas iniciativas, programas y subvenciones de ayuda a la investigación y al desarrollo, con el fin de preparar su futura comercialización.

En cuanto se formularon los primeros programas de PSA, sus defensores afirmaron que las comunidades que dependen de los bosques y los pueblos que lo habitan iban a ser sus principales beneficiarios. ¿Pero lo son realmente? Incluso los primeros programas tendieron a beneficiar sobre todo a los miembros más adinerados de la comunidad. También se vio que el valor intrínseco de la naturaleza tiende a bajar y que los arreglos no monetarios para proteger las funciones de la naturaleza –restricciones de origen cultural u otros sobre el uso y la protección de la naturaleza que se observan localmente, sin que medie pago – pueden debilitarse cuando se introducen planes de PSA. Algunos ejemplos concretos hacen pensar que esas tendencias se volverán aún más fuertes cuando el PSA se transforme en un mercado de “servicios ecosistémicos”.

El PSA es cada vez más un “pago que autoriza a destruir”. Con el fin de implementar esos pagos que dan permiso para destruir, la naturaleza con toda su complejidad, sus interconexiones, su diversidad y carácter único, es presentada en unidades de “servicios ecosistémicos” a un punto tal que sobrepasa ampliamente la mercantilización que requerían los programas de PSA anteriores. Las empresas pueden comprar certificados (también llamados “créditos de compensación”) que garantizan que el “servicio” en cuestión está protegido en algún lugar, a cambio del permiso de destruir una parte “equivalente” de naturaleza ubicada en otro lugar.

Una empresa minera no podría conseguir permiso para agrandar su mina dentro de un área protegida donde la extracción está prohibida por ley, a menos que compre “compensaciones de biodiversidad” con el fin de salvar más biodiversidad en otra parte, para compensar la del parque nacional que la nueva mina destruirá; un plan de urbanización no puede realizarse en el cinturón verde de una ciudad, donde está prohibido, a menos que la sociedad inmobiliaria compre “compensaciones de biodiversidad”; un ganadero o una empresa forestal pueden no verse obligados a restaurar el bosque que eliminaron, si compran en la Bolsa “créditos de restauración forestal”.

Una vez empaquetada en unidades de “servicios ecosistémicos” comparables entre sí, la naturaleza también puede ser comercializada como activo financiero. De este modo, el “servicio ecológico” queda abierto a la especulación, y la naturaleza, única e interconectada, queda dividida en unidades de “servicios” separados que pueden ser comparados entre sí, mezclado y diferenciados, comprados y vendidos, porque cada uno de ellos es considerado como equivalente al otro y puede ser un substituto apropiado. Esta abstracción transformó a la naturaleza indisciplinada, dinámica, siempre cambiante e interconectada, en unidades constantes, mensurables y comparables de “servicios ecosistémicos”.

Tal abstracción permite también a quienes negocian los certificados de “servicios ecosistémicos” hacer de cuenta que las unidades existen independientemente de su entorno, que no hay ninguna interacción entre ellas y las culturas, las prácticas sociales y el uso de la tierra que han evolucionado junto a esa parte de la naturaleza convertida en un simple “servicio ecosistémico”, y que de ella dependen. Por consiguiente, el concepto de PSA y, en especial, el comercio de “servicios ecosistémicos”, implican que la dimensión ambiental de la destrucción puede ser separada de la dimensión social. Los planes de compensación que incluyen el permiso de destruir con tal que el “servicio ambiental” sea reemplazado en otra parte aceptan la destrucción no compensada (e imposible de compensar) de las relaciones sociales, la cultura y las prácticas sociales relacionadas con la naturaleza. Mientras tanto, se modifican las leyes para reemplazar la obligación de evitar toda pérdida de biodiversidad por la obligación, mucho más laxa, de evitar toda “pérdida neta” de biodiversidad. Donde la ley prohibía la destrucción de importantes funciones ecológicas, las nuevas leyes permitirán esa destrucción en cierto lugar, con tal que el promotor demuestre que no habrá pérdida neta porque, aparentemente, la naturaleza que se destruye en ese lugar será recreada y salvada en otro sitio.

Notas

(3) http://pavansukhdev.com/

(4) WBCSD Guide to Corporate Ecosystem Valuation. Página 12, versión en inglés.  http://www.wbcsd.org/pages/edocument/edocumentdetails.aspx?id=104&nosearchcontextkey=true

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