LIBRO “Derechos de la naturaleza: Fundamento, contenido y exigibilidad jurisdiccional”

[Centro de Estudiosy Difusión de Derechos Constitucional, Quito – Ecuador, 2013]

Para todas aquellas personas, que cada día luchan, trabajan. investigan, y buscan informarse sobre el tema “Derechos de la Madre Tierra o de la Naturaleza”, a continuación compartimos el Prólogo y el PDF completo del libro “Derechos de la naturaleza: Fundamento, contenido y exigibilidad jurisdiccional” como libro cuarto de la colección “Nuevo Derecho Ecuatoriano”, con el apoyo de la Corte Constitucional de Ecuador y el Centro de Estudios y Difusión del Derecho Constitucional. Es fundamental comenzar a indagar en los fundamentos, contenidos de este tipo de derechos, pero más que nunca en su EXIGIBILIDAD. Ello para comenzar a sentar precedentes en la materia, y comenzar a buscar resultados concretos en la lucha por el cumplimiento de estos derechos, que nos afectan absolutamente a todos, y que hasta el momento han estado bastante presentes en el discurso, pero no en la praxis en sí misma.

 

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PRÓLOGO

De entre las distintas innovaciones jurídicas que trajo consigo la Constitución ecuatoriana de 2008, podría señalar sin temor a equivocarme que el reconocimiento de la naturaleza como suje-to de derechos ha sido una de las creaciones más polémicas, en la medida en que dicha tesis implica apartarnos de la visión moderna del constituionalismo la cual, como sabemos, hizo su entrada en la historia con los acontecimientos a fines del siglo XVIII a los dos lados del Océano Atlántico. Para la comprensión moderna, la justificación del origen de los gobiernos responde a la necesidad de preservar los derechos individuales, de ahí que, precisamente, el artículo dos de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano sostiene que la finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales del hombre, derechos que encuentran su fundamento en la dignidad humana. Por eso, el cam-bio constituyente producido en Montecristi implicó el tránsito de un paradigma antropocéntrico a uno biocéntrico.

Dicho cambio, según entiendo, promueve que todo ser vivo debe ser tratado con igual consideración y respeto, en la medida en que todos los seres vivos comparten el mismo valor, por eso la persona humana según, el biocentrismo, ya no es la única que puede reivindicar un trato prefe-rente, pues se encuentra inmersa en un sistema más complejo que lo con-tiene, de ahí que los seres humanos no son más que una parte —importante por supuesto, pero parte al fin— de la naturaleza; sin embargo, si bien la persona humana no puede vivir sin la naturaleza, ella si puede prescindir de los humanos.

El autor del presente libro, Julio Prieto Méndez, recorre con gran habi-lidad los debates que nos llevaron hasta este nuevo paradigma, concluyendo que ha sido una suerte de síntesis entre el retorno al pensamiento ancestral y la actual conciencia ecológica. De esta forma, la naturaleza debe brindarnos recursos para nuestra subsistencia, pero su explotación no debe ser indiscriminada, sino responsable y respetuosa, observando el contenido constitucionalmente protegido de los derechos de la naturaleza.

Entre las características de dicha transformación está la mudanza de un derecho ambiental a un derecho ecológico, así tenemos como el primero entiende que el derecho funcionaba como herramienta para garan-tizar al ser humano el goce (y apropiación) de un medioambiente sano y saludable. Pero en esta perspectiva, el ser humano se convierte en amo y señor de la naturaleza, capaz de disponer de todos sus recursos sin ningún límite. Sin embargo, poco a poco vamos retomando la conciencia de que: “El río […] es el símbolo viviente de toda la vida que sostiene y nutre peces, insectos acuáticos, flora marina […] osos, y todos los demás ani-males, incluyendo al hombre […]”. Por tanto, hablar de un derecho ecológico es hablar de herramientas jurídicas que consideran a la naturaleza como el sistema en el que se da la vida y que nosotros, los seres humanos, formamos parte de él.

Una vez imbuidos en el universo jurídico de los derechos de la natura-leza, el autor extrae la definición del bien jurídico protegido para empezar a delimitar los contornos de estos derechos. De esta manera, el contenido esencial de los derechos de la naturaleza abarcaría el respeto y reparación integral de la existencia, mantenimiento y regeneración de los ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos de la naturaleza. En conse-cuencia, se vuelve imperativo considerar los indicadores y criterios bioló-gicos que determinarán el contenido del derecho de cada ecosistema.

Articular la relación jurídica entre los sujetos pasivos ‘humanos y natu-raleza’ implica un ‘deber de respeto integral’, pero ¿cómo entender el deber de respeto? El autor, ensayando una repuesta, afirma que dicho deber jurídico de respetar la naturaleza se divide en tres niveles: a) de abs-tención de intervenir en el goce de estos derechos; b) los sujetos obligados somos todos y no únicamente el Estado; y c) existe un deber de absten-ción negativa, y, en caso de intervención que afecte estos derechos, surge la obligación de defensa a la naturaleza.

¿Qué pasa cuando se afecta los derechos de la naturaleza? El deber de reparación integral aparece como aquella premisa general de volver las cosas, en la mayor medida posible, al estado anterior. Es ahí en donde podemos constatar cómo las disposiciones vigentes no consideran aspectos esenciales para comprender los procesos de la naturaleza. Ante tal proble-mática, el aporte del autor muestra estándares ecológicos de reparación.

Por tanto, Julio Marcelo Prieto Méndez propone herramientas jurídi-cas para implementar la reparación integral de los derechos de la natura-leza, que deben tender a restablecer la regeneración de los ciclos vitales, estructuras, funcionamiento y procesos evolutivos de la naturaleza. No obstante, se debe señalar que conjugar la motivación jurídica con la natu-raleza es articular dos asuntos irreconciliables, en la medida en que la motivación es un instrumento que busca dar las mejores razones jurídicas para garantizar los derechos de los individuos, mientras que la naturaleza se expresa en ciclos vitales no comprendidos ni tampoco abordados por las categorías jurídicas clásicas. Ahí es cuando se exige una aplicación cre-ativa del instrumental jurídico existente, de modo tal que se pueda garantizar el mandato constitucional de la naturaleza como sujeto de derechos, reto que en las páginas que siguen el autor asume de forma pertinente.

Lo dicho hasta ahora no comporta que no seamos conscientes de la tensión que subyace al nuevo estatuto de la naturaleza. La comprensión de los derechos del buen vivir o sumak kawsay implica dos aristas: una ati-nente a la relación armoniosa del individuo con la naturaleza, y otra relativa a la satisfacción de unos derechos sociales que hagan posible dicho estado de cosas. Esto último genera un gran problema, pues, en la Constitución de Montecristi, el Estado aparece como un potente prove-edor de bienes sociales, acarreando entonces la necesidad de encontrar una fuente de recursos casi inagotables para poder cumplir cabalmente su función de repartir justicia social. Por tanto, la tesis de la naturaleza como sujeto de derechos implica dejar atrás modelos de desarrollo tan comunes por nuestras latitudes, que tienen como sello distintivo la impronta extractivista. Por eso, surge de modo impostergable la pregunta: hasta que se cambie la matriz productiva en nuestro país, ¿de dónde se obtendrán los recursos que permitan al Estado ser el gran benefactor social?

Antes de concluir estas cortas y sencillas reflexiones, no puedo dejar de señalar que en relación con uno de los puntos no resueltos en materia de derechos de la naturaleza, relativo a su exigibilidad jurídica, el autor con-tribuye inteligentemente con un manejo creativo de las garantías que hacen justiciables a los derechos de la naturaleza, llegando a proponer incluso que la naturaleza es un sistema ecológico que no conoce fronteras. Tomarnos en serio la garantía de los derechos de la naturaleza implicaría crear una jurisdicción universal que permita una verdadera protección.

La comunidad lectora será la que aprecie y analice este libro en su conjunto y llegue a sus propias conclusiones. Prieto cuestiona la creencia antropocéntrica del universo, apostando por una comprensión holística, advertida en su momento por la cosmovisión ancestral andina y la filoso-fía estoica, que se resumen en el criterio: todos somos parte integral de la naturaleza y el cosmos.

Jorge Benavides Ordóñez

Director Ejecutivo del Centro de Estudios y Difusión del Derecho Constitucional

 

Publicado originalmente en: https://therightsofnature.org/wp-content/uploads/pdfs/Espanol/Prieto_DDN_2013.pdf