La energía después de la pandemia

Por Ximena Montaño

El mundo está cambiado con la pandemia y existe una profunda incertidumbre de lo que acontecerá en el futuro. El confinamiento ha afectado al conjunto de la economía mundial, en particular a la industria, comercio y transporte; lo que ha llevado a una disminución drástica de la demanda de combustibles como el petróleo, que incluso cotizó precios negativos, del gas natural y de los biocombustibles. Así como también una disminución significativa en la demanda de energía eléctrica, salvo de la demanda de electricidad para el sector residencial. La pandemia ha ralentizado a la economía global, los rebrotes del virus están postergando las expectativas de recuperación, lo que está impactando severamente al sector de hidrocarburos y al energético en su conjunto.

En este contexto de tantas incertidumbres hay algunas cosas que siguen siendo una certeza muy preocupante, como la advertencia mundial por el cambio climático. Desde hace muchos años los científicos han venido alertando sobre los impactos dramáticos e irreversibles del cambio climático; así como también alertaron que aparecerían nuevos virus. El cambio climático avanza implacable a pesar de la pandemia[1]: olas de calor extremo, incendios, inundaciones y sequías devastadoras. La humanidad ya está viviendo un colapso climático y enfrenta el posible escenario de su propia extinción.

Recientemente la ONU publicó un informe donde indica: “Las concentraciones de gases de efecto invernadero de la atmósfera se encuentran en niveles récord y continúan aumentado, y las emisiones, que se redujeron sutilmente a causa del COVID-19, ya están regresando a los niveles previos a la pandemia…”.[2] Según António Guterres, Secretario General de la ONU, estamos muy lejos de cumplir el objetivo del Acuerdo de Paris de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados Celsius, y si las cosas siguieran como están, subiríamos de 3 a 5 grados por encima del nivel preindustrial. Al respecto, el nuevo análisis DNV GL[3], pronostica que en el 2030 “las emisiones serán un 10% más bajas de lo que pronosticamos antes de la pandemia, y en 2050, las emisiones globales relacionadas con la energía serán de 17 GtCO2 por año, exactamente la mitad del nivel actual. Sin embargo, el Acuerdo de París requiere que ese nivel de reducción de las emisiones se logre 20 años antes, en 2030”.

Los combustibles fósiles son los mayores responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero, los altos impactos socioambientales y la crisis climática. Por esa razón se tiene la necesidad urgente de transitar hacia las energías renovables y eliminar el consumo de combustibles fósiles (descarbonización). Esta es una tarea titanesca -aunque no imposible- ya que la dependencia a los combustibles fósiles a nivel global es muy alta: “la matriz de energía primaria del mundo depende de los combustibles fósiles en un 85%: 34% petróleo, 28% carbón y 23% gas natural. Esta matriz primaria abastece una matriz secundaria de generación eléctrica, donde el carbón es la fuente dominante con el 38% de participación; sigue el gas, con el 23%; el petróleo, con el 4%; y un 35% se genera con energías alternativas (hidroeléctrica, 16%; nuclear, 10%; y 10% de renovables)”.[4]

DNV GL pronostica que la demanda mundial de energía se reducirá en un 8% y fluctuará entre un 6% y un 8% menos hasta 2050 que en una situación equivalente sin COVID. “La caída de la demanda influirá en el consumo de todas las fuentes de energía: el petróleo y el carbón son los más afectados, seguidos del gas, y las energías renovables son las menos afectadas. El uso de energía para el transporte nunca volverá a alcanzar los niveles de 2019…”.

La creciente participación de las energías renovables en la generación de electricidad ha sido importante en las dos últimas décadas, aunque no lo suficientemente rápida para lo que urge hacer por el planeta. Para este avance, según IRENA[5], un factor muy importante es la considerable reducción de costos de generación debido a las mejoras en la tecnología, las economías de escala, unas cadenas de suministro más competitivas y la creciente experiencia de los desarrolladores de proyectos. Según los datos que brinda, el costo de electricidad procedentes de energía solar fotovoltaica a escala de servicio público se redujo a 0,068 dólares estadounidenses (USD) por kilovatio-hora (kWh) y en el caso de la eólica terrestre a 0,115 USD/kWh, en los proyectos que se pusieron en marcha el 2019.

A los costos significativamente bajos de las energía eólica y solar, se suma de forma positiva otros aspectos como las mejoras en la eficiencia energética; el uso del hidróxido verde como una tecnología más joven que puede ayudar a resolver el problema de la intermitencia; los cambios en el sector automovilístico con la incursión de autos eléctricos que puede ayudar a transformar el parque automotor.

Sin embargo, este escenario está siendo ensombrecido por la crisis producto del covid-19. Heymi Bahar, analista de la Agencia Internacional de Energía[6], ha identificado como desafíos para el sector: las interrupciones en la cadena de suministro, el riesgo de no beneficiarse de incentivos gubernamentales, y la probable disminución de la inversión debido a la presión sobre los presupuestos públicos y privados combinada con la incertidumbre sobre la demanda futura de electricidad. Adicionalmente, se tiene la denominada tendencia a la transición gasífera -sustitución del carbón y petróleo por el gas natural en la matriz energética primaria- que se puede acelerar por la pandemia:La duda es, si pasada la pandemia, un petróleo más barato, y un gas natural con cotizaciones propias podrían frenar la fuerza de penetración de las alternativas”.[7]

La crisis por la pandemia provocará un cambio en el uso de la energía. Con las medidas de confinamiento podría haber un incremento en el consumo electricidad a nivel doméstico por la tendencia a que continúe el teletrabajo en los próximos años, que la telemedicina crezca, así como la tecnología de la información, distintos servicios en línea, el comercio electrónico, entre otros. Como algunos expertos opinan, quizá esta crisis es la oportunidad de ir hacia la electrificación de las economías con energías renovables, de dejar los combustibles fósiles bajo la tierra ahora que no tienen viabilidad económica para los próximos años y repensar el rol de las empresas públicas de hidrocarburos.

Lo que vaya acontecer con la transición energética a nivel global dependerá en gran parte de las medidas de recuperación económica que adopte cada país, las cuales podrían reforzar esta matriz energética dominada por combustibles fósiles o dar un giro hacia la descarbonización de sus economías.

El colapso climático que ya estamos viviendo, convoca a los gobiernos acelerar la transición energética hacia las energías renovables que hasta ahora ha sido muy lento. Pero se requiere una transición energética integral: que contemple un marco normativo más favorables a las energías renovables, políticas públicas de mediano y largo plazo que tiendan a sustituir por completo el uso de combustibles fósiles por fuentes de energías renovables. Necesita que desde los Estados se apliquen medidas de estímulo e incentivos, así como también la eficiencia energética. Requiere además transformar los sistemas centralizados de generación eléctrica hacia sistemas descentralizados de generación distribuida. Y algo fundamental, se requiere de una transición energética justa y democrática que ponga a la naturaleza y a los pueblos en el centro del sistema energético.


[1]Noticias ONU. El cambio climático avanza implacablemente a pesar de la pandemia COVID-19, advierten los científicos. https://news.un.org/es/story/2020/09/1480142

[2]Noticias ONU. El cambio climático avanza implacablemente a pesar de la pandemia COVID-19, advierten los científicos. https://news.un.org/es/story/2020/09/1480142

[3]DNV GL Business Assurance. Energy Transition Outlook 2020. Septiembre 2020. https://download.dnvgl.com/eto-2020-download

[4]Daniel Gustavo Montamat. Cuáles serán los efectos de la pandemia en el futuro energético https://www.infobae.com/economia/2020/04/30/cuales-seran-los-efectos-de-la-pandemia-en-el-futuro-energetico/

[5]Agencia Internacional de Energías Renovables – IRENA. Costos de generación de Energía Renovable en 2019. https://www.irena.org/-/media/Files/IRENA/Agency/Publication/2020/Jun/IRENA_Costs_2019_ES.PDF

[6]Heymi Bahar. La pandemia del coronavirus puede descarrilar el progreso de las energías renovables. https://www.la-razon.com/financiero/2020/04/12/la-pandemia-del-coronavirus-puede-descarrilar-el-progreso-de-las-energias-renovables/

[7]Daniel Gustavo Montamat. Cuáles serán los efectos de la pandemia en el futuro energético. https://www.infobae.com/economia/2020/04/30/cuales-seran-los-efectos-de-la-pandemia-en-el-futuro-energetico/