Reflexiones

La pandemia es una realidad que ya ha dejado su huella en el sector de energía y sus impactos perdurarán durante esta década y más allá. El sector de la energía no será nunca más el mismo después del Covid-19. Al igual que el virus afectó a unos sectores de la población más que a otros, la pandemia está afectando mucho más a las fuentes de energía asociadas al transporte que aquellas vinculadas a la generación de electricidad.

El carbón, el petróleo y en menor medida el gas natural son los grandes perdedores, mientras las energías solar y eólica se alzan más resilientes.

Las diferentes previsiones y escenarios coinciden en que el fin de los combustibles fósiles ya empezó o se acerca. La situación del carbón, el petróleo y el gas natural varía según la región y los diferentes países, pero su tendencia está en descenso o se ralentiza.

Dentro de las energías renovables la pandemia ha afectado menos a aquellas que están ligadas a la generación de electricidad y ha incidido de manera más negativa en los biocombustibles vinculados al transporte.

La energía tiene rostro humano y los más afectados son los más vulnerables. África Subsahariana y los sectores más empobrecidos de nuestras sociedades serán los más perjudicados. Las soluciones no deben limitarse al cambio de fuente de energía, sino que deben encarar el tema de la redistribución del ingreso.

Si el presente es complejo el futuro es aún más incierto. Es evidente que todo retraso en la recuperación o agravamiento de la crisis económica tendrá grandes impactos sobre la demanda y las inversiones en el sector energético. Sin embargo, los diferentes escenarios de la AIE toman en cuenta sobre todo variables de recuperación económica y no factores de conflictividad social, crisis política y desastres naturales que pueden alterar severamente los indicadores económicos.

En los escenarios analizados hay una cierta inclinación por el retorno a la normalidad sin considerar la posibilidad de que hemos entrado en una época de incertidumbre y caos creciente.

La AIE e IRENA reconocen que la recuperación económica es una oportunidad para avanzar hacia la transición energética, pero concentran sus sugerencias en variables de inversión, eliminación de subsidios y tecnología. Las causas estructurales que nos llevaron a esta profunda crisis sistémica están fuera de sus radares. Ninguna plantea salir del insostenible modelo extractivista-productivista a pesar de que reconocen el carácter limitado de las materias primas. El planeta no puede soportar un nuevo proceso de industrialización que tenga por objetivo remplazar por ejemplo todo el parque automotor por movilidades eléctricas. Los mega proyectos solares y eólicos también son insostenibles y de gran impacto sobre los ciclos vitales del planeta. Los parámetros de crecimiento, consumo, producción y desechos deben ser seriamente transformado para una transición sistémica del sector energético.

El tema del impacto de la pandemia sobre las emisiones de gases de efecto invernadero del sector energético es un tema pendiente que abordaremos en una próxima publicación de Reflexiones Sistémicas.